La OTAN dice que la presencia naval rusa en el Mediterráneo es la más baja desde 2016

La OTAN dice que la presencia naval rusa en el Mediterráneo es la más baja desde 2016
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Un funcionario de la OTAN, que habló bajo condición de anonimato, afirmó que la alianza ha registrado una «disminución significativa» de la presencia naval rusa en el Mediterráneo, con un periodo de dos meses sin buques de guerra rusos en la zona que se prolongó hasta principios de septiembre. Según el funcionario, la última vez que se dio un vacío similar fue en 2016; los buques rusos regresaron al Mediterráneo el mes pasado, aunque en números reducidos respecto a años anteriores.

Una de las causas señaladas es la pérdida de una base fiable: el nuevo gobierno sirio canceló el año pasado el contrato de arriendo del puerto de Tartús a Rusia, debilitando el acceso naval a su punto de reabastecimiento más cercano. Un acuerdo de agosto permite usar Tartús y la base aérea de Hmeimim como centros de entrenamiento conjuntos ruso-sirios, pero ese arreglo no restaura el nivel previo de apoyo logístico.

El funcionario también apuntó a la escasez de petroleros y buques de apoyo, lo que limita cuánto tiempo puede Rusia sostener fuerzas desplegadas. Como ejemplo, citó que las fragatas estacionadas en el Canal de la Mancha dependen de un único buque de reparación clase Amur para reabastecerse, lo que obliga a transferencias de casco a casco arriesgadas en altamar. Además, los buques de guerra rusos están ocupados escoltando buques mercantes —incluidos petroleros de la «flota en la sombra»— por el Báltico, el Mar del Norte y el Mediterráneo, lo que consume días de navegación que podrían destinarse a otras misiones.

Basil Germond, profesor de seguridad internacional en la Universidad de Lancaster e investigador visitante del Centro de Estudios Estratégicos de la Royal Navy, señaló que las restricciones turcas al tránsito de buques de guerra por los Estrechos turcos impiden a Rusia rotar con regularidad unidades de su Flota del Mar Negro hacia el Mediterráneo, obligándola a rutas más largas y costosas alrededor de Europa.

Federico Borsari, del Centro para el Análisis de Políticas Europeas, describió a la marina rusa como una fuerza en declive progresivo, impulsado en parte por el desgaste de la guerra en Ucrania. Según Borsari, los problemas de disponibilidad operativa se concentran casi por completo en la Flota del Mar Negro, mientras que el resto de las flotas rusas permanece en gran medida sin afectar.

Germond advirtió contra interpretar las cifras actuales como una retirada permanente de Moscú de las rutas marítimas del Mediterráneo: sostiene que Rusia conserva tanto el interés estratégico como la capacidad residual para enviar buques a la región, y que la situación no es ni un cambio duradero ni una anomalía pasajera.

Para Turquía y el flanco sur de la OTAN, las restricciones de tránsito de la Convención de Montreux siguen siendo una de las herramientas legales más claras que determinan el equilibrio naval regional, y el seguimiento continuo de la actividad rusa en el Mediterráneo por parte de la alianza subraya la atención con que se vigila ese equilibrio.

La evaluación llega mientras las marinas de la OTAN mantienen patrullas conjuntas en el Mediterráneo y el Mar Negro, y mientras los planificadores de la alianza debaten cómo incorporar una presencia naval rusa reducida, pero no desaparecida, en la estrategia marítima regional a largo plazo.

Fuentes

  • Breaking Defense, «Russia’s naval posture in the Mediterranean has ‘significantly decreased’: NATO official», 20 de octubre de 2026, breakingdefense.com — utilizada para las declaraciones del funcionario de la OTAN y los comentarios de los expertos citados arriba.

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